Pide la mano a su novia a cuatro metros de profundidad

Jean Michel Dubail, experto submarinista e instructor de buceo de Salou no terminaba de creerse la propuesta que le hacía una de sus socias en la empresa Ganouby -dedicada precisamente a la captación de futuros submarinistas-.

Ketti le explicaba la semana pasada que tenía unos amigos que querían hacer un bautizo de mar (primera inmersión), pero con sorpresa.

Ésta sería que Aitor Lafuente aprovecharía la situación para pedir en matrimonio a su novia, María Alegre. Jean Michel, belga de nacimiento pero buceador en diferentes partes del mundo, sobre todo en Marruecos y Egipto, no tuvo reparo en aceptar la propuesta. «Era un bautizo de mar diferente, pero sin ningún tipo de complicación para nosotros.

Por: dMap Travel Guide

 

Seguir las instrucciones y disfrutar del paisaje». Aceptada la propuesta, se citó a la pareja el pasado martes en Cap Salou, tras acordar el precio de este bautizo de mar y los detalles para que en el fondo marino se pudiera celebrar la sorpresa. Aitor Lafuente y María Alegría esperaron pacientemente que a primera hora de la tarde de este martes los recogieran los buceadores de Ganouby para irse al punto de inmersión.

Una sorpresa para todos

 

La empresa todavía no tiene sede porque es el primer verano que trabaja en la capital de la Costa Daurada. La idea es que el próximo año haya un centro de buceo. Jean Michel Dubail explica que «este tipo de prácticas las realizamos a poca profundidad, en una zona muy cerca del faro. Con poco más de cuatro metros es suficiente para las primeras experiencias subacuáticas». Tras llegar a la playa, el instructor les entregó los trajes de neopreno y se empezaron a vestir. «La verdad, estábamos más nerviosos por sumergirnos por primera vez en el mar que por la sorpresa que tenía preparada», admitía Aitor.

Jean Michel añade que «es normal que las cosas no estén claras antes de sumergirse. Nosotros, que ya sabemos cómo reacciona la gente, miramos de tranquilizarlos explicando qué deben hacer y la mejor manera para que los automatismos se aprendan fácilmente». Antes de la inmersión, Aitor había dado a Jean Michel el anillo de compromiso y él tenía escondido un papel donde había la pregunta clave de la petición de mano.

Por su parte, María Alegre no lo tenía nada claro. Tenía mucho respeto al agua y admitía que no quería entrar, «aunque después me convencieron y me lo pasé bien». Prueba de ello es lo sonriente que salió en las fotografías. Con los trajes de neopreno bien colocados y las botellas de oxígeno en la espalda, el grupo se sumergió a pocos metros del faro de Cap Salou, a una profundidad media de más de cuatro metros.

La pareja feliz bajó lentamente con los consejos bien interiorizados, sobre todo, inspirar y expirar por la boca y acostumbrarse a este cambio de automatismo corporal. Tras llegar al fondo, Aitor, de 26 años y profesor de informática en El Vendrell, no lo dudó. Sacó un papel plastificado que rezaba la siguiente pregunta: «¿Quieres casarte conmigo?» (ver fotografía). María no lo podía creer.

Tuvo que mover la cabeza de atrás para adelante para decirle que sí. No podía hablar (estaba debajo el agua y con el conducto del aire en la boca). Mientras, Jean Michel se sacaba de dentro del traje de buzo el anillo de compromiso y se lo devolvía a Aitor para que lo colocara en el dedo corazón de la mano derecha. El beso se dejó para después, al salir del agua. «Sabía la respuesta porque ya lo habíamos hablado, pero me gustaba hacerlo diferente.

Quería darle algo más que una cena romántica y un anillo», explicaba el joven. Aunque todavía no hay fecha, Aitor explicaba ayer que piensan casarse pronto. Él, natural de Zaragoza, y ella, oriunda de Córdoba, conviven en Salou desde hace dos años, ya que trabajan aquí.

María está en Port Aventura y él da clases de informática en El Vendrell. «¿El lugar? o nos casamos aquí en Catalunya o como muy lejos en Zaragoza», admitía el novio. Tras este bautizo de mar romántico, Jean Michel les invitó a conocer un poco las profundidades de Cap Salou.

Por: Neville Wootton

 

«Lo cierto es que desde la tormenta del día 15, el agua está turbia (remueve la arena del fondo) por las corrientes. Sin embargo, cada vez está mejor y la visibilidad aumenta». Aunque no hubo demasiado tiempo para inspeccionar el fondo marino de Cap Salou, ya que la experiencia duró menos de una hora, lo cierto es que Aitor y María tuvieron la oportunidad de ver a un pulpo en sus narices.

La empresa, que de momento sólo se da a conocer por publicidad en diferentes puntos, tiene intención de asentarse en la capital de la Costa Daurada porque «parece que hay mercado». De momento, Ganouby se ha ganado el corazón de una pareja.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *